Por Keila López Alicea/ keila.lopez@elnuevodia.com
El simple acto de permitirle a un estudiante moverse en su silla en medio de una clase o caminar por el salón mientras escucha a la maestra es suficiente para aumentar su concentración y su aprovechamiento académico.
Suena contradecir los modelos que se han impuesto durante décadas, pero esta es la propuesta del doctor alemán experto en salud deportiva y kinesiología Dieter Breithecker y el arquitecto estadounidense Peter Brown.
Ambos expertos se han dedicado a estudiar los efectos que el ambiente escolar tiene sobre los estudiantes y están convencidos que la rutina rígida que impera en la mayoría de las escuelas, donde los estudiantes se sientan en sólidos pupitres mirando hacia el frente, perjudica el proceso de aprendizaje.
“El movimiento del cuerpo está atado al movimiento del cerebro. Existe la creencia de que la mejor forma de aprender y de concentrarse es estando quieto, pero esto no es así”, sostuvo Breithecker.
De acuerdo con Brown, para mejorar el aprovechamiento académico de los estudiantes y alcanzar las metas trazadas por la ley federal Que Ningún Niño Quede Rezagado es necesario rediseñar los espacios dentro de los salones de clase para permitirle una mayor movilidad e interacción entre ellos a los estudiantes.
Esto se logra mediante la creación de espacios para trabajo individual y para trabajos en grupo dentro de un mismo salón. Así se fomenta la creatividad y las tareas activas, en vez de solo escuchar al maestro hablar por largo tiempo, señaló Breithecker.
Asimismo, cambiar los muebles usados por los alumnos por sillas y mesas ergonómicas -aquellos que fomentan la buena postura- y que permitan que los estudiantes se muevan en ella ayudan a mantener el cerebro alerta, indicó el experto en movimiento.
“Si mueves el cuerpo, el cerebro le sigue”, aseguró Breithecker.
Suena contradecir los modelos que se han impuesto durante décadas, pero esta es la propuesta del doctor alemán experto en salud deportiva y kinesiología Dieter Breithecker y el arquitecto estadounidense Peter Brown.
Ambos expertos se han dedicado a estudiar los efectos que el ambiente escolar tiene sobre los estudiantes y están convencidos que la rutina rígida que impera en la mayoría de las escuelas, donde los estudiantes se sientan en sólidos pupitres mirando hacia el frente, perjudica el proceso de aprendizaje.
“El movimiento del cuerpo está atado al movimiento del cerebro. Existe la creencia de que la mejor forma de aprender y de concentrarse es estando quieto, pero esto no es así”, sostuvo Breithecker.
De acuerdo con Brown, para mejorar el aprovechamiento académico de los estudiantes y alcanzar las metas trazadas por la ley federal Que Ningún Niño Quede Rezagado es necesario rediseñar los espacios dentro de los salones de clase para permitirle una mayor movilidad e interacción entre ellos a los estudiantes.
Esto se logra mediante la creación de espacios para trabajo individual y para trabajos en grupo dentro de un mismo salón. Así se fomenta la creatividad y las tareas activas, en vez de solo escuchar al maestro hablar por largo tiempo, señaló Breithecker.
Asimismo, cambiar los muebles usados por los alumnos por sillas y mesas ergonómicas -aquellos que fomentan la buena postura- y que permitan que los estudiantes se muevan en ella ayudan a mantener el cerebro alerta, indicó el experto en movimiento.
“Si mueves el cuerpo, el cerebro le sigue”, aseguró Breithecker.
Por Gloria Ruiz kuilan / gruiz@elnuevodia.com
“A la planta le salieron hojas”. “Creció un poco”. “La planta se ve bonita”.
Esas fueron algunas de las anotaciones hechas en un diario por estudiantes de educación especial de las escuelas Víctor Parés y Tomás Carrión Maduro de San Juan como parte del programa Ideas Verdes.
El programa comenzó en marzo y ayer fue la graduación de 90 estudiantes de ambas escuelas. El grupo forma parte de más de 4,000 estudiantes en 103 escuelas públicas de 17 municipios que se beneficiaron del programa.
Es una iniciativa de la Oficina de la Primera Dama junto al Departamento de Educación (DE) y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) y tiene el propósito de capacitar y concienciar a estudiantes y maestros de ciencias de cuarto grado sobre la conservación ambiental y el desarrollo de destrezas en espacios ecológicos.
Según explicó el secretario del DRNA, Daniel Galán kercadó, en el programa se invirtieron $1.4 millones provenientes de fondos federales Título I del DE.
"Lo que busca es impactar a estos estudiantes, cómo ellos pueden empezar a hacer cambios en su entorno para mejorar el ambiente", explicó.
Agregó que semanalmente los estudiantes recibieron talleres ambientales por personal del DRNA. Además, los estudiantes eran llevados a áreas naturales por lo menos dos veces al mes. Entre los lugares visitados estuvo la Reserva punta tuna en Maunabo, el parque San Patricio en Guaynabo, el zoológico de Mayagüez y el Bosque Cambalache en Arecibo.
"Estamos trabajando para que en el próximo semestre impactar cien escuelas adicionales', dijo el funcionario.
Junto a la primer dama, Lucé Vela, reconoció que la inclusión de dos escuelas de educación especial fue un reto.
"Queremos ayudar a estos niños, darles las herramientas para que echen hacia adelante", dijo Vela.
Una de las recipientes del programa fue Gía González, de la escuela Víctor Parés. La joven, con Síndrome Down, se mostró muy entusiasmada con el programa que le permitió crear un huerto en su escuela y conocer el zoológico de Mayagüez.
"Sembré una planta de ají", dijo la alumna con la ayuda de la adiestradora de Ideas Verdes, Rosamari Reyes.
Aneudi Rey también estaba emocionado con el programa porque le gustaba sembrar, según dijo.
Esas fueron algunas de las anotaciones hechas en un diario por estudiantes de educación especial de las escuelas Víctor Parés y Tomás Carrión Maduro de San Juan como parte del programa Ideas Verdes.
El programa comenzó en marzo y ayer fue la graduación de 90 estudiantes de ambas escuelas. El grupo forma parte de más de 4,000 estudiantes en 103 escuelas públicas de 17 municipios que se beneficiaron del programa.
Es una iniciativa de la Oficina de la Primera Dama junto al Departamento de Educación (DE) y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) y tiene el propósito de capacitar y concienciar a estudiantes y maestros de ciencias de cuarto grado sobre la conservación ambiental y el desarrollo de destrezas en espacios ecológicos.
Según explicó el secretario del DRNA, Daniel Galán kercadó, en el programa se invirtieron $1.4 millones provenientes de fondos federales Título I del DE.
"Lo que busca es impactar a estos estudiantes, cómo ellos pueden empezar a hacer cambios en su entorno para mejorar el ambiente", explicó.
Agregó que semanalmente los estudiantes recibieron talleres ambientales por personal del DRNA. Además, los estudiantes eran llevados a áreas naturales por lo menos dos veces al mes. Entre los lugares visitados estuvo la Reserva punta tuna en Maunabo, el parque San Patricio en Guaynabo, el zoológico de Mayagüez y el Bosque Cambalache en Arecibo.
"Estamos trabajando para que en el próximo semestre impactar cien escuelas adicionales', dijo el funcionario.
Junto a la primer dama, Lucé Vela, reconoció que la inclusión de dos escuelas de educación especial fue un reto.
"Queremos ayudar a estos niños, darles las herramientas para que echen hacia adelante", dijo Vela.
Una de las recipientes del programa fue Gía González, de la escuela Víctor Parés. La joven, con Síndrome Down, se mostró muy entusiasmada con el programa que le permitió crear un huerto en su escuela y conocer el zoológico de Mayagüez.
"Sembré una planta de ají", dijo la alumna con la ayuda de la adiestradora de Ideas Verdes, Rosamari Reyes.
Aneudi Rey también estaba emocionado con el programa porque le gustaba sembrar, según dijo.